Pocas cosas revuelven tanto el corazón como empacar tu vida en cajas y llegar a un lugar donde no conoces a nadie. Quizás te mudaste por trabajo, por necesidad económica, por una relación o simplemente porque la vida te empujó. Miras calles desconocidas, te acuestas en un cuarto que todavía no huele a hogar, y una pregunta te aprieta el pecho: ¿Estaré haciendo lo correcto?
La Biblia tiene una respuesta clara para ese momento: Dios camina contigo a donde vayas, incluso — y especialmente — cuando no conoces el camino. Desde Abraham hasta los israelitas en el desierto, la Escritura está llena de personas que empezaron de nuevo en tierras desconocidas con nada más que la promesa de Dios.






