"Y satisficieron los hombres a Jehová con gran temor, y ofrecieron sacrificio a Jehová y le hicieron votos."
— Jonás 1:16, RVR1960
Los paganos terminaron adorando a Dios. El profeta terminó en el mar. La historia de Jonás es, desde el principio, una historia sobre quién realmente tiene el corazón abierto a Dios, y muchas veces no es quien pensamos.
Dentro del gran pez: la oración desde lo más profundo
"Pero Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás; y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches."
— Jonás 1:17, RVR1960
Mucha gente se queda en el debate de si fue literalmente un pez o una ballena, si es posible sobrevivir dentro de un animal marino. Pero el texto nos invita a ver algo más importante: el pez no fue el castigo. El pez fue el rescate. Sin él, Jonás se habría ahogado. Dios envió algo que parecía un monstruo para salvar la vida del profeta que lo había desobedecido.
A veces, lo que parece la peor situación de tu vida es en realidad Dios evitando que te hundas del todo.
Desde el vientre del pez, Jonás oró. Y su oración, recogida en Jonás 2, es una de las más desesperadas y hermosas de toda la Biblia:
"Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó; desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste."
— Jonás 2:2, RVR1960
"Me echaste a lo profundo, en medio de los mares, y me rodeó la corriente; todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí."
— Jonás 2:3, RVR1960
Jonás describió lo que sintió con una honestidad demoledora. Sintió que Dios lo había echado. Sintió que las aguas lo envolvían. Sintió que descendía hasta las raíces de los montes, que la tierra había cerrado sus cerrojos sobre él para siempre. Y entonces, en el momento más oscuro: