"Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento."
— Salmos 23:4, RVR1960
David no dice "no pasaré por el valle de sombra de muerte". Dice que cuando esté ahí, no temerá, porque Dios está con él. La promesa no es la ausencia de oscuridad; es la presencia de Dios en la oscuridad.
2. Promete fortaleza cuando la tuya se acaba
"Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas."
— Isaías 40:29, RVR1960
"Todo lo puedo en Cristo que me fortalece."
— Filipenses 4:13, RVR1960
Este último versículo se usa mucho fuera de contexto. Pablo no lo escribió desde un púlpito exitoso. Lo escribió desde una cárcel romana. Estaba encadenado, solo, y con un futuro incierto. Y desde ahí dijo: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." La fortaleza que promete no es para evitar el sufrimiento, sino para atravesarlo.
3. Promete consuelo real
"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios."
— 2 Corintios 1:3-4, RVR1960
Este pasaje revela algo que a menudo no vemos cuando estamos sufriendo: que el consuelo que Dios nos da no termina en nosotros. Eventualmente, tu dolor te capacitará para acompañar a otros en el suyo. No es que el sufrimiento tenga sentido por sí mismo, sino que Dios no desperdicia nada.
4. Promete un final al sufrimiento
"Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron."
— Apocalipsis 21:4, RVR1960
Esta es la promesa final, la que cierra la historia completa de la Biblia. El sufrimiento no es eterno. Hay un día prometido en el que Dios mismo secará cada lágrima. No un ángel, no un profeta: Dios mismo.
"Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria."
— 2 Corintios 4:17, RVR1960
Pablo no minimiza el dolor al llamarlo "leve tribulación momentánea". Lo está comparando con algo incomparablemente mayor: la gloria eterna. Es una cuestión de escala, no de negación.