Si estás leyendo esto, probablemente perdiste a alguien. No a alguien cualquiera. A esa persona cuya voz todavía escuchas cuando cierras los ojos. Y el dolor es tan físico, tan pesado, que cuesta respirar. No vamos a decirte que "ya está en un lugar mejor" ni a darte frases vacías. Lo que vamos a hacer es abrir la Biblia juntos y leer lo que Dios le dijo a personas que sentían exactamente lo que tú sientes ahora.
La Biblia no esquiva el duelo. Lo nombra, lo respeta y lo acompaña. Hay versículos escritos desde las lágrimas, por personas que enterraron hijos, padres, amigos y esposos. Y en esos textos hay algo que ningún consejo humano puede darte: la promesa de que el dolor no tiene la última palabra.



