"No cometerás adulterio."
— Éxodo 20:14, RVR1960
Este es uno de los Diez Mandamientos. No es un consejo ni una sugerencia: es un mandato directo de Dios a su pueblo. El adulterio no es tratado como un "error menor"; está al mismo nivel que el robo y el falso testimonio porque destruye los cimientos de la confianza humana.
"Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera."
— Mateo 19:9, RVR1960
Estas son palabras de Jesús mismo. Y son profundamente importantes porque establecen algo que muchas personas desconocen: Jesús reconoció la infidelidad sexual (fornicación en la RVR1960, del griego porneia) como la única causa legítima para el divorcio. Esto significa que si tu pareja te fue infiel, la Biblia no te obliga a quedarte. Tienes permiso bíblico para separarte.
"Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios."
— Hebreos 13:4, RVR1960
Este versículo deja claro que la responsabilidad del adulterio recae sobre quien lo comete. Dios juzga al que traiciona el pacto, no a la persona traicionada. Si alguien te ha dicho que la infidelidad de tu pareja es "tu culpa" porque no fuiste suficiente, eso no es lo que enseña la Biblia.
"Beberá las aguas amargas que traen maldición, y las aguas que obran maldición entrarán en ella para amargar."
— Números 5:24, RVR1960
En el Antiguo Testamento existía incluso un ritual para casos de sospecha de infidelidad (Números 5:11-31), lo cual demuestra que Dios siempre se tomó en serio la fidelidad matrimonial. No era un tema secundario ni algo que se ignoraba.