"Así sirvió Jacob por Raquel siete años; y le parecieron como pocos días, porque la amaba."
— Génesis 29:20, RVR1960
Pero Labán, el padre, tenía otros planes. La noche de la boda, a oscuras y probablemente con el velo que cubría el rostro de la novia, Labán entregó a Lea en lugar de Raquel. Jacob no lo descubrió hasta la mañana siguiente.
"Venida la mañana, he aquí que era Lea. Y Jacob dijo a Labán: ¿Qué es esto que me has hecho? ¿No te he servido por Raquel? ¿Por qué, pues, me has engañado?"
— Génesis 29:25, RVR1960
Hay una ironía dolorosa aquí: Jacob, que engañó a su padre Isaac haciéndose pasar por Esaú, ahora es engañado con una hija que sustituye a otra. Las consecuencias del engaño cruzan generaciones.
Labán justifica su trampa con la costumbre local de casar primero a la hija mayor, y le ofrece también a Raquel a cambio de otros siete años de trabajo. Jacob acepta. Y así comienza un matrimonio partido en dos, donde un solo hombre ama a una y no a la otra.
¿Quién era Lea y por qué importa tanto su dolor?
La Biblia describe a Lea con una frase que ha generado mucha discusión:
"Y los ojos de Lea eran delicados, pero Raquel era de lindo semblante y de hermoso parecer."
— Génesis 29:17, RVR1960
Algunos traducen "delicados" como débiles o sin brillo; otros como tiernos. Lo que está claro es que la Biblia contrasta a Lea con Raquel de forma desfavorable en lo físico. Y eso, en una cultura donde el valor de una mujer estaba ligado a su atractivo y su fertilidad, era devastador.