Pocas cosas generan tanta confusión —y a veces tanta división— entre creyentes como el tema de hablar en lenguas. Tal vez has estado en una congregación donde alguien oró en lenguas y no supiste qué pensar. Quizá te han dicho que si no hablas en lenguas no tienes al Espíritu Santo, y eso te dejó con un nudo en el estómago. O tal vez tú mismo has experimentado algo que no sabes cómo nombrar y buscas respuestas.
La Biblia sí habla de este don, con claridad y con matices. No es un tema que se resuelva con un solo versículo. En este artículo vamos a recorrer los pasajes principales de la Reina-Valera 1960, entender el contexto original, y abordar las preguntas más frecuentes con honestidad y respeto, sin ánimo de dividir sino de iluminar.



