"Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís."
— Colosenses 3:23-24, RVR1960
4. Evalúa periódicamente. Después de unos meses, pregúntate: ¿Esto me da fruto? ¿Bendice a otros? ¿Siento la confirmación del Espíritu? Si la respuesta es sí, profundiza. Si sientes que estás en el lugar equivocado, no tengas miedo de probar algo diferente.
5. No compares tu servicio con el de nadie. Tu llamado no es inferior porque sea menos visible. El ojo no le dice a la mano "no te necesito". Recuérdalo cada vez que te sientas pequeño.
Preguntas frecuentes
¿Es obligatorio servir en la iglesia para ser salvo?
No. La salvación es por gracia mediante la fe, no por obras (Efesios 2:8-9). Pero el versículo siguiente, Efesios 2:10, dice que fuimos creados para buenas obras. El servicio no te salva, pero es la respuesta natural de alguien que ha sido salvado.
¿Puedo servir si soy nuevo en la fe?
Absolutamente. No necesitas años de experiencia para mostrar hospitalidad, ayudar con tareas prácticas o acompañar a alguien. La iglesia primitiva en Hechos integraba a los nuevos creyentes de inmediato a la vida comunitaria (Hechos 2:42-47).
¿Qué hago si me pidieron servir en algo que no me gusta?
Hay una diferencia entre servir fuera de tu zona de confort —lo cual puede ser crecimiento— y servir en algo que contradice cómo Dios te diseñó. Pruébalo con actitud humilde durante un tiempo. Si después de orar y evaluar sientes que no es tu lugar, comunícalo con honestidad y busca dónde encajas mejor.