1. Nunca contradice las Escrituras
Esta es la prueba más importante. Si crees que Dios te está diciendo algo que contradice lo que ya dijo en Su Palabra, no es Su voz. Dios no se contradice.
"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia."
— 2 Timoteo 3:16, RVR1960
2. Produce fruto del Espíritu, no confusión
"Porque Dios no es Dios de confusión, sino de paz."
— 1 Corintios 14:33, RVR1960
La dirección de Dios puede ser desafiante, incómoda, incluso difícil, pero no produce confusión caótica ni ansiedad paralizante. Suele ir acompañada de una paz profunda, incluso cuando el camino es difícil.
"Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza."
— Gálatas 5:22-23, RVR1960
Si lo que sientes te lleva al amor, la paz y la paciencia, es más probable que venga de Dios. Si te lleva al orgullo, la venganza o la impulsividad, conviene detenerse y examinar.
3. Se confirma por múltiples vías
Un principio bíblico sabio es no tomar decisiones importantes basándote en una sola impresión. Busca confirmación en la Escritura, en la oración, en el consejo de creyentes maduros y en las circunstancias.
"Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo; mas en la multitud de consejeros hay seguridad."
— Proverbios 11:14, RVR1960
4. Requiere humildad, no certeza absoluta
Algo que la Biblia modela repetidamente es que escuchar a Dios requiere humildad. Samuel necesitó que Elí le explicara que era Dios quien lo llamaba (1 Samuel 3:8-9). Los discípulos muchas veces no entendían a Jesús incluso teniéndolo al frente. La humildad de decir "no estoy seguro, necesito seguir buscando" es más piadosa que la arrogancia de afirmar "Dios me dijo" sin discernimiento.