3. Haz de la Palabra un espejo diario, no un libro de texto
"Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era."
— Santiago 1:23-24, RVR1960
Lee la Biblia preguntándote cada día: "¿Qué me pide esto hoy, en mi situación concreta?" No leas para acumular conocimiento. Lee para ser transformado.
4. Rodéate de personas que te ayuden a ser coherente
La vida cristiana no fue diseñada para vivirla solo. Necesitas gente que te conozca de verdad, que pueda preguntarte las preguntas incómodas y que camine contigo cuando fallas. Proverbios lo dice con claridad:
"Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo."
— Proverbios 27:17, RVR1960
5. Cuando falles, vuelve. No te escondas
Pedro negó a Jesús tres veces. Jesús lo restauró tres veces (Juan 21). Tu testimonio no se destruye por una caída. Se destruye cuando dejas de levantarte. Vuelve, confiesa, recibe gracia y sigue caminando.
"Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad."
— 1 Juan 1:9, RVR1960
6. Recuerda que el fruto es del Espíritu, no tuyo
"Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley."
— Gálatas 5:22-23, RVR1960
No se llama "el fruto de tu esfuerzo". Se llama el fruto del Espíritu. Tu trabajo es permanecer conectado a la vid. El fruto viene como consecuencia.
Preguntas frecuentes
¿Es hipócrita ir a la iglesia si no vivo perfectamente lo que creo?
No. Hipocresía es pretender ser lo que no eres a propósito para engañar a otros. Ir a la iglesia siendo imperfecto es exactamente lo que se supone que hagas: los enfermos son los que necesitan al médico (Marcos 2:17). La iglesia no es un museo de santos, sino un hospital de pecadores en proceso de sanación.