4. Rodéate de personas que te ayuden a ser coherente
La vida cristiana no fue diseñada para vivirla solo. Necesitas gente que te conozca de verdad, que pueda preguntarte las preguntas incómodas y que camine contigo cuando fallas. Proverbios lo dice con claridad:
"Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo."
— Proverbios 27:17, RVR1960
5. Cuando falles, vuelve. No te escondas
Pedro negó a Jesús tres veces. Jesús lo restauró tres veces (Juan 21). Tu testimonio no se destruye por una caída. Se destruye cuando dejas de levantarte. Vuelve, confiesa, recibe gracia y sigue caminando.
"Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad."
— 1 Juan 1:9, RVR1960
6. Recuerda que el fruto es del Espíritu, no tuyo
"Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley."
— Gálatas 5:22-23, RVR1960
No se llama "el fruto de tu esfuerzo". Se llama el fruto del Espíritu. Tu trabajo es permanecer conectado a la vid. El fruto viene como consecuencia.
Preguntas frecuentes
¿Es hipócrita ir a la iglesia si no vivo perfectamente lo que creo?
No. Hipocresía es pretender ser lo que no eres a propósito para engañar a otros. Ir a la iglesia siendo imperfecto es exactamente lo que se supone que hagas: los enfermos son los que necesitan al médico (Marcos 2:17). La iglesia no es un museo de santos, sino un hospital de pecadores en proceso de sanación.