Errores comunes a evitar
Sacar versículos de contexto. Es fácil tomar una frase suelta de un salmo y darle un significado que no tiene. El Salmo 37:4 ("Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón") no es una promesa de que recibirás todo lo que desees. Leído en contexto, habla de que cuando tu deleite está en Dios, tus deseos se alinean con los suyos. Lee siempre el salmo completo.
Ignorar los salmos incómodos. Hay salmos que hablan de enemigos, de violencia, de la ira de Dios. El Salmo 137:9 es perturbador. No lo saltes: pregúntate qué nivel de dolor produjo esas palabras y qué te enseña sobre la honestidad brutal que Dios permite en la oración. No tienes que estar de acuerdo con cada sentimiento expresado para aprender de él.
Leer solo los salmos que ya conoces. El Salmo 23, el 91 y el 139 son maravillosos. Pero hay 147 más. El Salmo 88, por ejemplo, es el único salmo que no termina con esperanza: cierra en oscuridad total. Y está ahí por una razón — para los días en que la esperanza no llega y lo único que puedes hacer es decir "Dios, aquí sigo". Explora todo el salterio.
Leer con prisa. Los Salmos son poesía. Fueron diseñados para ser leídos despacio, en voz alta, saboreando cada imagen. Leer tres salmos en dos minutos es como tragar una comida sin masticar: técnicamente la comiste, pero no la disfrutaste ni te nutrió.