1. ¿Contradice la Escritura?
Este es el primer filtro y el más claro. Si una decisión te lleva directamente a desobedecer algo que la Biblia enseña con claridad, no necesitas orar más al respecto. La voluntad revelada de Dios en Su Palabra siempre tiene prioridad.
"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia."
— 2 Timoteo 3:16, RVR1960
2. ¿Buscaste consejo sabio?
Como vimos en Proverbios, la sabiduría no vive en el aislamiento. Hablar con personas de fe madura, con experiencia en el área de tu decisión, es parte del proceso bíblico de discernimiento.
Pero cuidado: buscar consejo no significa buscar a alguien que te diga lo que quieres oír. Significa exponerte a perspectivas honestas, incluso las que incomodan.
3. ¿Has orado con honestidad?
No orar para convencer a Dios de que apruebe lo que ya decidiste, sino orar para escuchar, para soltar el control, para decir sinceramente: "Señor, quiero lo que tú quieras, aunque no sea lo que yo prefiero."
"Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias."
— Filipenses 4:6, RVR1960
4. ¿Hay paz?
La paz no siempre es sinónimo de comodidad. A veces la decisión correcta da miedo. Pero hay una diferencia entre el miedo natural ante lo desconocido y la inquietud profunda de saber que algo no está bien.