"Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza."
— Salmo 46:1-3, RVR1960
Y luego, uno de los versículos más profundos de toda la Biblia:
"Estad quietos, y conoced que yo soy Dios."
— Salmo 46:10, RVR1960
¿Qué significa esto para tu angustia?
"Estad quietos" no es un consejo para relajarte. En hebreo, la palabra (raphah) significa algo más cercano a "suelten", "dejen de luchar", "dejen ir". Es una invitación a soltar el control. La angustia muchas veces se alimenta de nuestra necesidad de controlar lo incontrolable. Este Salmo reconoce que el mundo se puede estar cayendo a pedazos —literalmente las montañas se caen al mar— y aun así hay un lugar de refugio.
Cuándo leer este Salmo: Cuando sientes que todo se desmorona al mismo tiempo. Cuando las circunstancias externas te superan: problemas económicos, conflictos familiares, un diagnóstico difícil.
Salmo 91 — Cuando el miedo se convierte en terror
El Salmo 91 es el Salmo de la protección. Ha sido leído por creyentes en hospitales, en guerras, en medio de pandemias y en noches de insomnio por siglos.
"El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré."
— Salmo 91:1-2, RVR1960
"No temerás el terror nocturno, ni saeta que vuele de día, ni pestilencia que ande en oscuridad, ni mortandad que en medio del día destruya."
— Salmo 91:5-6, RVR1960
"Porque él dará a sus ángeles mandamiento acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos."
— Salmo 91:11, RVR1960
¿Cómo entender este Salmo honestamente?
Hay que ser honestos: este Salmo no es una garantía de que nada malo te va a pasar nunca. Los creyentes se enferman, sufren accidentes y enfrentan tragedias. Lo que el Salmo 91 promete es la presencia protectora de Dios en medio del peligro. La frase clave es "el que habita al abrigo del Altísimo". No es un amuleto; es una relación. Habitar implica quedarse, confiar, estar en esa cercanía con Dios de forma continua.