- No habrá muerte (Apocalipsis 21:4)
- No habrá llanto ni dolor (Apocalipsis 21:4)
- No habrá noche (Apocalipsis 22:5)
- No habrá templo, porque Dios mismo es el templo (Apocalipsis 21:22)
- No habrá sol ni luna, porque la gloria de Dios lo ilumina todo (Apocalipsis 21:23)
- No entrará ninguna cosa inmunda (Apocalipsis 21:27)
Cada una de estas ausencias es una promesa: todo lo que hoy te causa sufrimiento tiene fecha de caducidad.
Lo que sí habrá
"Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones."
— Apocalipsis 22:1-2, RVR1960
Observa cómo esta imagen conecta con el Edén de Génesis. El árbol de la vida, que fue vedado después de la caída, reaparece aquí en plena abundancia. La historia que comenzó en un jardín termina en una ciudad-jardín donde todo ha sido restaurado.
¿Qué promesas hace la Biblia sobre el cielo?
El cielo no es solo un destino; es el cumplimiento de promesas que Dios ha ido entregando a lo largo de toda la Escritura. Estas son las más importantes.
Promesa 1: Estaremos con Cristo
"Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo."
— Juan 17:24, RVR1960
Esta es la oración de Jesús al Padre. Su deseo más profundo no era solo salvarnos del infierno, sino llevarnos a donde Él está. El cielo es, antes que cualquier otra cosa, estar con Jesús.
Promesa 2: Recibiremos un cuerpo nuevo
"Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas."
— Filipenses 3:20-21, RVR1960
El cielo no es una existencia incorpórea flotando en las nubes. La Biblia promete la resurrección del cuerpo: un cuerpo transformado, glorificado, libre de enfermedad, de limitación y de muerte.