"Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego."
— Romanos 1:16, RVR1960
Las epístolas de Pablo no son tratados abstractos. Son palabras de un pastor a sus iglesias, escritas con urgencia, amor y a veces con lágrimas.
Contexto y explicación: ¿quién fue Pablo y por qué escribió cartas?
Pablo de Tarso —originalmente llamado Saulo— era un judío fariseo, ciudadano romano, educado a los pies de Gamaliel, uno de los rabinos más respetados de su época (Hechos 22:3). Antes de su conversión, perseguía activamente a los primeros cristianos. Su encuentro con Cristo resucitado en el camino a Damasco (Hechos 9:1-19) lo transformó radicalmente.
Después de su conversión, Pablo emprendió al menos tres grandes viajes misioneros por el Mediterráneo, fundando comunidades de fe en ciudades como Corinto, Éfeso, Filipos, Tesalónica y Colosas. Pero fundar una iglesia era solo el comienzo. Esas comunidades enfrentaban conflictos internos, confusión doctrinal, presión cultural pagana y persecución.
Pablo no podía estar en todos los lugares a la vez. Así que escribió cartas.
Esas cartas no fueron pensadas como "libros de la Biblia." Fueron respuestas concretas a situaciones concretas. Lo que las hace extraordinarias es que el Espíritu Santo las usó para comunicar verdades que trascienden su momento histórico. Lo que Pablo le dijo a una iglesia pequeña en Grecia sigue hablándole a una familia en Bogotá, un joven en Guadalajara o una madre en Madrid.