"Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido."
— Juan 13:5, RVR1960
El Maestro, el que ellos creían que sería rey, se arrodilló como un siervo. En la cultura de la época, lavar los pies era la tarea del esclavo más bajo de la casa. Jesús estaba demostrando en acción lo que la cruz demostraría en sangre: el amor verdadero sirve, se humilla, se entrega.
Getsemaní: la oración más difícil de la historia
Después de la cena, Jesús se retira con sus discípulos al huerto de Getsemaní, al pie del Monte de los Olivos. Lo que sucede allí es quizá el momento más humanamente conmovedor de toda la Biblia.
"Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo."
— Mateo 26:37-38, RVR1960
Si alguna vez has sentido una tristeza tan grande que parece que te va a matar, Jesús sabe exactamente cómo se siente eso. No fue a la cruz como un robot que no sentía. Fue temblando, angustiado, con el alma destrozada.
"Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú."
— Mateo 26:39, RVR1960
"Si es posible, pase de mí esta copa." Jesús pidió que hubiera otro camino. No lo había. Y aun así, eligió obedecer. Esta oración es el modelo más puro de rendición a la voluntad de Dios: ser honesto con el dolor pero elegir la confianza.
"Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra."
— Lucas 22:44, RVR1960
Lucas, que era médico, registra un fenómeno que la medicina moderna reconoce como hematidrosis: bajo un estrés extremo, los capilares sanguíneos pueden romperse y mezclarse con el sudor. No era una metáfora. Era el cuerpo de Jesús manifestando la magnitud de lo que estaba por enfrentar.