En este artículo vas a encontrar qué dice la Escritura sobre meditar, los versículos clave de la RVR1960 que lo enseñan, la diferencia con otras formas de meditación, y un método práctico paso a paso para que hoy mismo puedas empezar a meditar en la Palabra de Dios.
La respuesta directa de la Biblia
La Biblia no solo permite la meditación: la ordena y la celebra. Desde el Antiguo hasta el Nuevo Testamento, meditar en la Palabra de Dios se presenta como una disciplina esencial para conocer a Dios y vivir conforme a su voluntad.
"Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche."
— Salmos 1:2, RVR1960
Este es el primer Salmo, la puerta de entrada al libro más leído de la Biblia. No es casualidad que empiece hablando de meditación. El salmista dice que la persona bienaventurada —dichosa, feliz— es la que medita en la ley de Dios constantemente. No una vez a la semana. De día y de noche.
"Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien."
— Josué 1:8, RVR1960
Esta fue la instrucción directa de Dios a Josué justo antes de entrar a la tierra prometida. El momento más importante de su liderazgo, y Dios no le dice "planifica mejor" ni "entrena más a tu ejército". Le dice: medita en mi Palabra. Aquí se ve que la meditación no es un acto pasivo, sino preparación para la acción.
"En tus mandamientos meditaré; consideraré tus caminos."
— Salmos 119:15, RVR1960
"Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío."
— Salmos 19:14, RVR1960
Fíjate en este último versículo: David habla de "la meditación de mi corazón". No es un ejercicio intelectual frío. Es algo que nace del interior, algo íntimo que se presenta delante de Dios como una ofrenda.