"Porque no hay acepción de personas para con Dios."
— Romanos 2:11, RVR1960
La palabra "acepción" significa favoritismo basado en la apariencia externa. Dios no tiene favoritos raciales. Punto. Este versículo destruye cualquier intento de usar la Biblia para justificar la superioridad de un pueblo sobre otro.
"Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús."
— Gálatas 3:28, RVR1960
Este es quizás el versículo más revolucionario de la Biblia en materia de igualdad. En un mundo donde ser judío o griego, esclavo o libre, definía absolutamente tu valor social, Pablo declara que en Cristo todas esas barreras se derrumban. No desaparecen las diferencias culturales —Dios ama la diversidad que Él creó— pero sí desaparece la jerarquía.
Contexto y explicación: por qué esto era tan radical
Para entender lo poderosos que son estos textos, necesitas conocer el mundo en que fueron escritos.
El mundo antiguo vivía del prejuicio
En la antigüedad, la discriminación étnica era la norma, no la excepción. Los griegos llamaban "bárbaros" a todos los no griegos. Los romanos dividían el mundo entre ciudadanos y "las naciones." Incluso en Israel, algunos sectores despreciaban a los samaritanos por su mezcla étnica y religiosa.
La Biblia fue escrita dentro de ese mundo, pero no para confirmar esos prejuicios, sino para desafiarlos. Cuando Génesis dice que toda la humanidad viene de Adán y Eva, está haciendo una declaración teológica radical: antes de que existieran naciones, tribus o idiomas, existía una sola familia humana. Y cuando Pablo escribe Gálatas 3:28, está diciendo algo que la sociedad romana consideraría absurdo: que un esclavo de Frigia y un senador de Roma tienen exactamente el mismo valor ante Dios.