"Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo."
— Mateo 26:37-38, RVR1960
"Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú."
— Mateo 26:39, RVR1960
Es uno de los momentos más humanos de toda la Biblia. Jesús no quería sufrir. Pidió que hubiera otro camino. Pero se sometió a la voluntad del Padre.
El arresto, el juicio y la negación de Pedro
Judas llegó con soldados y lo identificó con un beso. Jesús fue arrestado. Los discípulos huyeron. Pedro, que horas antes había jurado morir por él, lo negó tres veces antes de que cantara el gallo, tal como Jesús había predicho (Lucas 22:54-62).
El juicio fue una farsa legal: de noche, con testigos falsos, sin defensa real. Los líderes religiosos lo condenaron por blasfemia. Luego lo llevaron ante Pilato, el gobernador romano, porque solo Roma podía ejecutar una sentencia de muerte. Pilato no encontró delito en él, pero cedió ante la presión de la multitud.
"Entonces les soltó a Barrabás, y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado."
— Mateo 27:26, RVR1960
La crucifixión: el momento central de la historia
La crucifixión romana era la forma de ejecución más cruel jamás diseñada. Jesús fue azotado, golpeado, coronado con espinas y obligado a cargar su propia cruz hasta el Gólgota.
Los cuatro Evangelios registran sus palabras desde la cruz. Entre ellas: