"Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él."
— Mateo 3:13, RVR1960
Juan se resistió: "Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?" Pero Jesús insistió. Al salir del agua, ocurrió algo que los tres evangelios sinópticos registran:
"Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia."
— Mateo 3:16-17, RVR1960
Es un momento fundacional: el Padre habla, el Espíritu desciende, el Hijo es confirmado. La Trinidad se hace visible en un instante.
Las tentaciones en el desierto
Inmediatamente después del bautismo, el Espíritu llevó a Jesús al desierto, donde ayunó cuarenta días y fue tentado por el diablo (Mateo 4:1-11). Satanás le ofreció pan cuando tenía hambre, poder sobre todos los reinos del mundo, y una demostración espectacular de protección divina. Jesús respondió a cada tentación con la Escritura:
"Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios."
— Mateo 4:4, RVR1960
Jesús venció la tentación no con poderes sobrenaturales, sino con la Palabra de Dios. Es un detalle que a menudo se pasa por alto: el Hijo de Dios enfrentó la prueba con las mismas herramientas disponibles para cualquier creyente.
El ministerio público: enseñanzas, milagros y encuentros que lo cambiaron todo
Los tres años de ministerio público de Jesús (aproximadamente del año 27 al 30 d.C.) son el corazón de los Evangelios. Es imposible resumirlo todo, pero hay momentos que definen quién era y qué vino a hacer.