"No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti."
— Deuteronomio 18:10-12, RVR1960
Este es probablemente el texto más completo de toda la Biblia sobre el tema. Fíjate que Dios no prohíbe una sola práctica: prohíbe todo el espectro. Adivinación, hechicería, magia, consulta a los muertos, encantamientos. Y usa una palabra muy fuerte: abominación. No dice "es inconveniente" ni "es desaconsejable". Dice que es detestable ante sus ojos.
"Mas los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda."
— Apocalipsis 21:8, RVR1960
En el Nuevo Testamento, la hechicería aparece en listas de pecados graves. Esto confirma que la prohibición no era solo para el pueblo de Israel en el desierto: es un principio que se mantiene vigente.
"Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías."
— Gálatas 5:19-20, RVR1960
Pablo coloca la hechicería junto a la idolatría, no como una coincidencia, sino como una conexión directa: recurrir a poderes ocultos es, en esencia, poner algo por encima de Dios.