"Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo."
— 1 Samuel 17:37, RVR1960
David no pelea con la armadura de Saúl. Toma cinco piedras lisas del arroyo, su honda y camina hacia el gigante. Lo que le dice a Goliat es una de las declaraciones de fe más poderosas de toda la Biblia:
"Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado."
— 1 Samuel 17:45, RVR1960
Una piedra. Un tiro. El gigante cae. Y la victoria es de Dios a través de un joven que no tenía más arma que su confianza en Él.
Los años de persecución: huyendo de Saúl
Después de la victoria sobre Goliat, David se convierte en héroe nacional, en amigo íntimo de Jonatán (el hijo de Saúl), y en yerno del rey. Pero Saúl, consumido por los celos, intenta matarlo repetidamente. David pasa años huyendo — por cuevas, por desiertos, por territorio enemigo — con un grupo de hombres desesperados que se unen a él.
En esos años de huida, David tiene dos oportunidades claras de matar a Saúl. En 1 Samuel 24, Saúl entra en la misma cueva donde David se esconde. Los hombres de David le dicen que Dios se lo ha entregado. Pero David solo le corta un pedazo del manto y después siente remordimiento incluso por eso.
"Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová."
— 1 Samuel 24:6, RVR1960
David decide no tomar por la fuerza lo que Dios le ha prometido. Esa paciencia, esa capacidad de esperar el tiempo de Dios aun cuando la venganza estaba al alcance de su mano, es una de las lecciones más profundas de su vida.