Sin embargo, su ascenso al trono no fue pacífico. Su hermano mayor, Adonías, intentó tomar el reino por la fuerza mientras David envejecía. Fue gracias a la intervención de Betsabé y del profeta Natán que David confirmó a Salomón como su sucesor (1 Reyes 1:28-30). David le dio instrucciones finales claras:
"Yo sigo el camino de todos en la tierra; esfuérzate, y sé hombre. Guarda los preceptos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas."
— 1 Reyes 2:2-3, RVR1960
Salomón comenzó su reinado joven, probablemente entre los 15 y 20 años. Sabía que la tarea era enorme. Y eso explica la decisión más extraordinaria de su vida.
La noche que cambió todo: Salomón pide sabiduría
Poco después de asumir el trono, Salomón fue a Gabaón, donde estaba el tabernáculo, a ofrecer sacrificios. Esa noche, Dios se le apareció en un sueño y le hizo una pregunta abierta que eriza la piel:
"Pide lo que quieras que yo te dé."
— 1 Reyes 3:5, RVR1960
Imagina eso. El Dios del universo te dice: "Pide lo que quieras." Podría haber pedido poder, riqueza, venganza contra sus enemigos o una vida larga. Pero Salomón respondió con una honestidad que revela su corazón en ese momento:
"Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?"
— 1 Reyes 3:9, RVR1960
A Dios le agradó tanto esa petición que le dio no solo la sabiduría que pedía, sino también lo que no pidió: riquezas y honra como ningún otro rey de su tiempo (1 Reyes 3:13).