"Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad."
— Eclesiastés 3:19, RVR1960
Este versículo de Eclesiastés es quizás el más directo y el que más debate genera. Pero para entenderlo bien, necesitamos su contexto completo.
Contexto y explicación: qué significa nephesh y por qué importa
La palabra nephesh en el hebreo bíblico
En el Antiguo Testamento, nephesh no significa exactamente lo que nosotros entendemos hoy por "alma" en el sentido filosófico griego — una sustancia inmaterial, eterna e independiente del cuerpo. En el pensamiento hebreo, nephesh es algo más amplio: significa vida, ser, aliento, el principio vital que hace que algo esté vivo.
Cuando Génesis dice que Dios creó a los animales como nephesh chayyah y al hombre también como nephesh chayyah, está diciendo que ambos comparten algo fundamental: son seres vivos creados por Dios, no objetos inertes. Los animales respiran, sienten, buscan alimento, cuidan a sus crías. La Biblia no niega nada de esto. Al contrario, lo afirma desde el primer capítulo.
La diferencia que la Biblia sí establece
Pero la Biblia también marca una distinción profunda entre el ser humano y los animales. Esa diferencia no está en la palabra nephesh, sino en otra cosa: la imagen de Dios.
"Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó."
— Génesis 1:27, RVR1960
De ningún animal se dice esto en toda la Escritura. Solo del ser humano se afirma que fue creado a imagen y semejanza de Dios. Y en Génesis 2:7 hay un detalle adicional que no aparece en la creación de los animales: Dios "sopló en su nariz aliento de vida". Es un acto íntimo, personal, directo. Los animales fueron creados por la palabra de Dios ("dijo Dios: produzca la tierra..."), pero al hombre, Dios lo formó con sus manos y sopló sobre él.